Me desgarro, me entrego, me abrazo

Camino entre metro y metro por Madrid, bueno, corro, porque aquí en el metro parece que correr es requisito. Entre la multitud, con prisa y sin mirarse a los ojos. Cojo el metro, me siento y deseo desaparecer, volverme invisible. Luego pienso que para el caso, parecido… Que tampoco es que nos fijemos las unas en las otras. De hecho, yo suelo observar a la gente en el metro y no parece que nadie se dé cuenta. Entonces me vuelve la sensación de soledad, soledad estando rodeada de gente, irónico. Pero me pasa mucho. A veces en el metro de Madrid, o caminando por la calle, o incluso en casa con toda la familia revoloteando alrededor… Creo que es porque da igual lo cerca que tengas a las personas a nivel físico si no hay ninguna conexión real, si no hay una comunicación de alma a alma. También creo que la comunicación de alma a alma es bien enriquecedora, y que cuando eso nos falta lo sentimos como una carencia en nuestro interior.

Así que sentada en el metro, siento esa carencia y una vez más… siento que todo mi interior se desgarra… Me desgarro por dentro. Mi alma se desgarra. Mis entrañas estallan, me gritan, me suplican. Lo sé… Lo siento, pero ahora no puedo. Ahora no puedo gritar, ni llorar, ni salir corriendo. Eso no se hace en el metro. Eso no se hace en el metro, donde todo el mundo te ve. Porque molesta. Molesta que alguien intente abrir la puerta de la desesperación. Sería como levantar la alfombra y ver toda la mierda que hemos ido escondiendo debajo. Así que ahí me encuentro. En el metro, sola, rodeada de gente pero sola. Con mi garganta gritando en silencio, y mis ojos llorando en seco.

Pero me prometí entregarme. Entregarme a lo que fuera. Entregarme a la vida. Así que hoy me entrego al dolor. Hoy permito los desgarros, hoy llego a casa y lloro. Lloro y grito. Porque me sale, ¿vale? Ni siquiera me importa el porqué. Pero después me abrazo. Después respiro hondo y me repito que todo irá bien. Así me hallo, abrazando el dolor y confiando en la vida.

 

“Córtame los dos pies, córtamelos, no importa, córtamelos, porque sobre el pecho tengo otras dos fuertes raíces. Córtame los dos pies, córtamelos, no importa; porque de mis raíces, de los frutos caídos, me saldrán otros dos pies, córtamelos”.

 

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