Alas de mariposa

 

Llega un momento en el que toca volar. Ya no hay excusa, ya no eres oruga. ¿Dificultades? Siempre. Pero ya es hora, fuerza y a volar. Ya es el momento de sacar las alas, de permitirte, de ser, de brillar. Sin miedo o con él. El miedo puede ser tu amigo si lo permites, no le tengas miedo al miedo.

Pero llega un momento en que debemos asumir que el drama ya fue, que ya no tiene por qué dirigir nuestra vida. El recuerdo de la oruga siempre estará, pero eso no significa que siempre sigamos siendo una. ¿Sí me explico? Desapego al drama. Que siempre necesitaremos nuestro momento de drama personal, pero que se puede aprender a surfear en vez de vivir de revolcón en revolcón. Pararnos, tomar perspectiva, reconocer lo que nos rodea y caminar dirigiendo.

Llega un momento en el que no hay excusas para no hacer lo que le hace vibrar a tu alma, para no bailar la vida. Llega un momento en que tus alas crecen y se llenan de color y ya no hay donde esconderlas. Llega un momento en que lo único que se puede hacer con la oruga es agradecerle por las alas que nos ha dado, honrarla y dejarla atrás. Llega un momento en el que hay que aprender a disfrutar, a reconocer la belleza que nos rodea. Mirar más las flores y las ramas de los árboles y menos al cemento. Llega un momento en el que no queda otra más que reconocer tus alas hermosas, reconocerlas como parte de ti misma. Que manía con no amarse… ¿Y si eres hermosa qué? ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer nuestra propia belleza? Ya va siendo hora de mirarnos al espejo con orgullo y confianza, de reconocernos en amor y aceptación.

Ya no hay excusas. ¡Fuerza y a volar!