Ni marimacho, ni feminazi. Feliz sin la perdiz.

Queridas personas, debemos ser cuidadosos con ese término tan polémico… Feminismo. Tras conversar largo y tendido con amigas y amigos he decidido expresar por esta vía qué es para mí el feminismo y por qué me reafirmo como feminista. Hay quien confunde el feminismo con el hembrismo o misandria, es decir, odio o desprecio a los hombres o creencia de que la mujer es superior a éste, pero no debemos confundir estas palabras con la nuestra, feminismo. Feminismo. Según la Real Academia Española su significado es: 1. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. 2. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

Bueno, yo me considero feminista… sin embargo mi percepción de esto no coincide con la definición de la RAE. Feminismo viene de femenino, que es un género, no un sexo. Todas las personas tenemos un lado masculino y otro femenino, e independientemente de nuestro sexo solemos tener uno de los lados más desarrollado que el otro, aunque sí se suele dar una orientación más femenina en las mujeres y una más masculina en los hombres, en la mayoría de los casos, sin que ello determine nada. El caso es que durante años y años de historia se ha tratado de “aniquilar” la energía femenina y lo que sucede con el feminismo es que se trabaja para recuperarla y empoderarla, para darle el lugar que en nuestro planeta se merece y debe ocupar. Para hallar un equilibrio se necesitan ambas energías. Se dice que la energía femenina representa la compasión, el amor, la calidez, las emociones y sentimientos, la dedicación… Y nos preguntamos por qué hay tanto odio y guerra y rechazo en el mundo… Pues la ausencia de la feminidad es una de las razones. Esto no significa que la energía femenina sea mejor que la masculina, ni mucho menos, ambas son igual de necesarias. Se dice que el machismo comenzó por un sentimiento de envidia del hombre hacia la mujer. La mujer da vida, el hombre no. La mujer está más conectada a la Madre Tierra porque ella también es madre, y el hombre no. No obstante, esto no debe ser motivo de celos o envidia. Los años de reinado del machismo tampoco deben convertirse en un rechazo de la feminidad a la masculinidad, ni de las mujeres a los hombres. Nada se logra desde el odio, el rencor, el rechazo o los miedos. Solo se avanza y se resuelve desde el amor, y eso es lo que nos toca ahora. Recuperar mucho amor. Amor de lo masculino a lo femenino, de lo femenino a lo masculino. Luchar porque la feminidad ocupe todo el lugar que debe y porque aprenda a complementarse con la masculinidad.

Y nosotras, mujeres, no debemos dejarnos nublar. El empoderamiento femenino no consiste en volvernos iguales que los hombres, en masculinizarse. No consiste en tener hijos, divorciarnos y tener la custodia ejerciendo como madres y amas de casa mientras trabajamos a jornada completa. Tal vez hayamos evolucionado bastante como para desde la igualdad como personas, padre y madre puedan repartirse las tareas de la manera en la que lo sientan. No consiste en ser igual de agresivas y exitosas en el trabajo, tal vez nuestro trabajo sea más amoroso y cuidadoso, ¿qué hay de malo en ello? No consiste en ser igual de insensibles o igual de fuertes. No somos menos fuertes, pero tal vez nuestra fuerza es diferente. Su origen tal vez venga de otro lugar y tal vez transforme de manera diferente. Lo que toca es sentirse orgullosa de ser femenina. Yo lo estoy. A los hombres también les toca aprender a lidiar con ese lado femenino. Los hombres sí pueden sentir, amar, compadecerse, y por supuesto, llorar. Las mujeres podemos ser guerreras, pero luchamos desde el amor a la vida y al prójimo.

Para mí el feminismo no significa la homogenización de hombres y mujeres, de lo femenino y lo masculino. Para mí el feminismo significa conocer nuestras diferencias y ver lo maravilloso de cada matiz y quererlo y respetarlo. Empoderar ambas energías, entenderlas, quererlas y defenderlas. Entender que femenino no es depilarse, calzar tacones y hacer dietas, igual que masculino no es fútbol, músculos y agresividad. Igualdad no tiene por qué significar que todos somos iguales, si no que no se nos deben dar diferentes libertadas o imponer diferentes límites dependiendo del género, así como tampoco del sexo. Está igual de bien que una persona sea más femenina que masculina y viceversa, sin importar el sexo. Que luche, o que llore, o que haga ambas cosas, porque todo tiene su parte a apreciar. La cosa es aprender a trabajar como un equipo, a admirar las cualidades de quien tenemos enfrente y complementarnos para evolucionar juntas y juntos gracias a los potenciales de todas y todos.

Viva el empoderamiento femenino para todas y todos!! Y es que soy feliz sin la perdiz 😉

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