Cerillas en la oscuridad

Hoy toca un cuentito, nacido en una cálida noche de música entre compañeras. Espero que os guste. 😉

*La música maravillosa que suena de fondo es del último álbum de la artistaza Ana Alcaide, Pangea, creo que la canción se llama Madenda. Os dejo el link: A. Alcaide ·T.O.Pangea- Gotrasawala ensemble: MADENDA  .

 

Me desgarro, me entrego, me abrazo

Camino entre metro y metro por Madrid, bueno, corro, porque aquí en el metro parece que correr es requisito. Entre la multitud, con prisa y sin mirarse a los ojos. Cojo el metro, me siento y deseo desaparecer, volverme invisible. Luego pienso que para el caso, parecido… Que tampoco es que nos fijemos las unas en las otras. De hecho, yo suelo observar a la gente en el metro y no parece que nadie se dé cuenta. Entonces me vuelve la sensación de soledad, soledad estando rodeada de gente, irónico. Pero me pasa mucho. A veces en el metro de Madrid, o caminando por la calle, o incluso en casa con toda la familia revoloteando alrededor… Creo que es porque da igual lo cerca que tengas a las personas a nivel físico si no hay ninguna conexión real, si no hay una comunicación de alma a alma. También creo que la comunicación de alma a alma es bien enriquecedora, y que cuando eso nos falta lo sentimos como una carencia en nuestro interior.

Así que sentada en el metro, siento esa carencia y una vez más… siento que todo mi interior se desgarra… Me desgarro por dentro. Mi alma se desgarra. Mis entrañas estallan, me gritan, me suplican. Lo sé… Lo siento, pero ahora no puedo. Ahora no puedo gritar, ni llorar, ni salir corriendo. Eso no se hace en el metro. Eso no se hace en el metro, donde todo el mundo te ve. Porque molesta. Molesta que alguien intente abrir la puerta de la desesperación. Sería como levantar la alfombra y ver toda la mierda que hemos ido escondiendo debajo. Así que ahí me encuentro. En el metro, sola, rodeada de gente pero sola. Con mi garganta gritando en silencio, y mis ojos llorando en seco.

Pero me prometí entregarme. Entregarme a lo que fuera. Entregarme a la vida. Así que hoy me entrego al dolor. Hoy permito los desgarros, hoy llego a casa y lloro. Lloro y grito. Porque me sale, ¿vale? Ni siquiera me importa el porqué. Pero después me abrazo. Después respiro hondo y me repito que todo irá bien. Así me hallo, abrazando el dolor y confiando en la vida.

 

“Córtame los dos pies, córtamelos, no importa, córtamelos, porque sobre el pecho tengo otras dos fuertes raíces. Córtame los dos pies, córtamelos, no importa; porque de mis raíces, de los frutos caídos, me saldrán otros dos pies, córtamelos”.

 

Gozo, luego existo

Así es, la vida es puro gozo. Dios, ¡cuánto me ha costado entenderlo! Pero ahora está tan claro… En otras entradas hablábamos de fluir… Pues bien, solo se fluye desde el gozo. Pero, ¡eh! No mal interpretemos, solo hay verdadero gozo cuando hacemos del llanto gozo, y de la ira y del miedo. Solo vivimos en gozo absoluto cuando entendemos que todas estas emociones son parte de nuestra experiencia humana. Lo natural es que estas emociones broten de nosotras y se manifiesten, y una vez entendido eso y permitiendo que todo se lleve a cabo de forma espontánea, ¡bam! Todo se convierte en puro gozo… Así es que… ¿sabéis cómo acabamos tan malitas en este mundo? Cuando intentamos controlar, actuar bajo imposiciones y obligaciones que en nuestro interior rechazamos. Es decir, cuando no actuamos en coherencia con lo que sentimos, entonces una controversia ocurre y se crea un bloqueo en nuestro interior. Imaginaos cuantísimos bloqueos acumulamos a lo largo de nuestra vida. ¡Imaginaos!

Visualizaros por un momento como una flor, una flor que comienza a crecer y en vez de dejar que se muestre en todo su esplendor, empezamos a cortarla, cada vez que algo nuevo brota lo cortamos y lo redirigimos a donde nosotras creemos que debe ir… ¿Cómo sería esa flor? Muy poco parecida a las que nos encontramos en la madre naturaleza… ¿no creéis?

Pues esas flores raras y castradas somos nosotras en este mundo loquito, amigas… ¡Ay, qué alivio verlo! Yo he tenido varios largos periodos de depresión, ¿sabéis? Sí, esa sensación de no querer salir de la cama en siglos, de no salir de casa y sentir pavor solo de pensarlo, que morir sea la idea más atractiva que pasa por mi mente y un largo etcétera. Estaba tan perdida… ¿Qué hacía yo aquí? Era mi principal pregunta. Ahora entiendo, lo mismo que todas, ni más ni menos, encontrarme. Sí, encontrarme. Encontrarme no es acertar con la carrera, tener un trabajo o caber en mis viejos vaqueros. No, encontrarme es tener claridad. Es entenderme y entender lo que me rodea, y creedme, no es tarea fácil. Yo no lo he conseguido del todo por ahora, pero al menos he visto la luz al final del túnel. Si echo la vista atrás, al inicio de los tiempos, a mis primeros recuerdos en este mundo, creo que lo que recuerdo son gritos, malestar y frustración a mi alrededor, interrumpido por ciertos momentos amorosos de calma y destellos de alegría. Llevo algo más de un año en terapia (algo que recomiendo a cualquiera interesada en ver la luz al final del túnel y/o ganar claridad respecto a quién es y qué hace aquí), y básicamente me he dedicado a sacar y sacar. Sacar el llanto, el grito, miles de palabras no dichas, los golpes al cojín, mi fuerza, mi vulnerabilidad… Sacar. Sacar y dar luz. Y después… después aceptar e integrar. Sí, así estamos hechas, un poquito de cal y un poquito de arena. Irascibilidad, sensibilidad, temperamento, dulzura… ¡que si no seríamos muy aburridas! Y me he dado cuenta de que estaba taaan enfadada con el mundo, con mi entorno, y al final… conmigo. Y es que nada era como yo quería…. Todo era prisas, obligaciones, negativas, restricciones… Y si sobra algo de tiempo, entonces, si acaso, está permitido relajarse y disfrutar… ¿Cómo? ¡Socorro! ¿Pero dónde me he metido? ¿Es una broma? ¿He nacido para esto? Creo que aborto misión… ¿Hola? ¿Alguien por ahí arriba? ¡Abortando misión! Corto y cambio. ¡Abortando misioooón!!! Hasta que entendí… Que todo eso que vi al principio no era obligatorio… ¡Yupiiii! ¡Que no es obligatorio! Y así comienza el milagro, de veras que es como un milagro… Cuanto más saco mi enfado y frustración, más veo mi luz, mi belleza y mi capacidad creativa. ¡Sí! Cuando sacas de una cosa hay más espacio para otra, como en un armario, ¿entiendes?

Pero claro… Lo que no vale es quejarse y ya. Mierda de mundo, y ya. Ahí está el asunto. Punto 1, mierda de mundo si observas solo la mierda. Si observas la gente linda que te rodea, los paisajes, las flores, el sol y la lluvia, su hijo el arcoíris… Ya no es tan mierda, ¿a que no? Punto 2, si no te gusta la realidad que te imponen, como digo, no es obligatorio, no… Solo una trampa. Pero salir de la trampa requiere esfuerzo. Claro, no confundas esfuerzo con sacrificio, el sacrificio es sufrimiento, el esfuerzo es echarle ganas y trabajo a lo que quieres conseguir. Esfuérzate por tus pasiones y descubrirás el gozo en el esfuerzo.

Así que… Pasos para salir del remolino de este mundo. Primero, darte cuenta de que estás en el remolino, si no, ¿cómo vas a salir? Segundo, recrearte permitiendo que tus flores y espinas naturales salgan a la luz. Tercero, crear un lugar a dónde ir cuando salgas del remolino. Es ahí donde entra el esfuerzo y donde le damos fuelle a la creatividad. Por fin, ¡bienvenida creatividad! Tal vez para crear tu nueva realidad, primero necesites saber qué es lo que te gustaría que hubiera en ella, creo que algunos artistas podrían ser un ejemplo de esto. Yo estoy en ese paso. Recuperando el gozo y permitiendo a mis flores brotar. ¿Te animas? Advertencia, es un camino para valientes… 😉