Cuando estaba en el colegio me encantaba la arquitectura y la decoración, diseñar los hogares más bonitos y acogedores para diferentes tipos de familias. Sin embargo, cuando tocó decidir qué estudiar, decidí que eso no iba a cambiar el mundo, y en ese momento tenía la fiebre de la salvadora mundial. Por esta razón descarté estudiar algo que se me daba muy bien y que además disfrutaba mucho haciendo. No es que me arrepienta, el camino de la vida es maravilloso y sorprendente a cada paso, y ningún paso dado es en vano. No obstante, por mi afán de cambiar el mundo, dejé de lado muchas cosas que me hacían feliz, arte dramático, psicología, arte, filosofía… Terminé metiéndome en Derecho, porque quería meterme en el mundo de los DDHH y porque en ese momento pensé que conocer el sistema era la forma más potente de cambiarlo. En la mitad de la carrera me di cuenta de que por más ganas que le pusiera, me había equivocado, no porque con eso no fuera a cambiar el mundo, sino porque simplemente esa no era mi forma. ¿Qué es tu forma? Aquella que te ilumine la cara y te haga vibrar el alma. Derecho podría haberme dado muchas herramientas útiles para ayudar a lxs demás, pero me estaba quitando mi luz propia, y sin tu luz propia, ¿cómo vas a iluminar el mundo?, ¿cómo vas a embellecerlo?

Si brillas, traes luz al mundo; si amas, traes amor al mundo.

Después de muchas experiencias vividas he entendido que el mundo lo puedes cambiar con cualquier cosa que hagas, lo único que necesitas es no perder la perspectiva y siempre mantenerte conectada con tu corazón, la empatía y la compasión. Pero más allá de eso, tienes que conocerte, explorarte y reconocer tu forma. Y repito, tu forma es aquello en lo que realmente eres buena, aquello que te hace feliz, que te mantiene despierta por la noche de las ganas que tienes de seguir haciéndolo. Puedes cambiar el mundo haciendo el mejor pan del mundo, con los ingredientes más saludables, recogidos de los sistemas de producción más responsables con el medio ambiente y haciendo que tus colaboradores tengan las mejores condiciones laborales y sean felices. Puedes cambiar el mundo por cómo fabricas zapatillas, por cómo limpias una oficina, por cómo tratas a tus pacientes en el hospital, a tus alumnos en la escuela o por tu capacidad de gestionar la contabilidad de una entidad. Hay infinitas maneras de cambiar el mundo, solo recuerda qué mundo estás trabajando por construir y cuál es tu regalo para él.

El mejor regalo que una flor le puede hacer al mundo es ser la flor más hermosa que pueda llegar a ser.

Y tú, ¿a través de qué forma cambias el mundo?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s