La verdadera magia

A veces, de tanto buscarnos y rebuscarnos, acabamos metiéndonos en un laberinto. Nos dejamos cegar por falsos trovadores y piedras pintadas de dorado. En busca de algo más, más profundo, más real, acabamos presas en una telaraña de sueños infinitos en los que sí, podemos ser reinas y reyes, pero en un reino limitado al mundo de las nubes. Sabernos así puede resultar muy satisfactorio, pero no a largo plazo, no hace otra cosa más que alimentar el ego. Las nubes siempre acaban siendo lluvia, y cuando la gota cae al suelo el impacto la hace desvanecerse. Por eso, si observamos un árbol, veremos que cuanto más grande y esplendoroso sea, así lo serán sus raíces. Tierra y aire, siempre en equilibrio. No se trata de preferencias, sino de necesidades.

A veces, de tanto buscarnos y rebuscarnos, acabamos olvidándonos de la verdadera magia. Creemos en los seres divinos, en las energías, en el tarot, en las runas, en el futuro y en el pasado. Viajamos lejos de esta tierra… Y nos olvidamos de la verdadera magia. La verdadera magia nunca estará en el pasado ni en el futuro, solo se puede encontrar en el momento presente, en este mismo instante. Es la que te saluda a través de los rayos de sol que se cuelan entre las ramas de los árboles que bailan con el viento en un bosque. El brillo en los ojos de alguien que acaba de recibir una buena noticia. La vibración en un lago cuando la lluvia irrumpe en él. El olor de las flores en primavera. El color del cielo tras una tormenta, el arcoíris y el olor característico que anuncia la llegada de cada estación. El crujir de las hojas de otoño y el rojo amapola. Un abrazo, un abrazo de los de verdad, de los que no se dan con los brazos sino con el corazón. El canto puro de un niño jugando en un parque. Una carcajada sincera, espontánea. La arena entre las sábanas en verano, el pelo despeinado con sabor a sal. La magia que se siente tumbada sobre la hierba, dejando que ésta te acaricie la piel, dejándose sorprender por los olores que vienen y van, dejándose alumbrar por el sol que juega a esconderse entre las nubes. La verdadera magia es el volar de los pájaros, que tras bailar con el viento pisarán de nuevo la tierra. Siempre el volar de los pájaros…