Mirar al cielo

Un día dejamos de mirar al cielo para orientarnos, dejamos de mirar a las estrellas. Ese mismo día, dejamos de escuchar a nuestro corazón antes de actuar. Dejamos de limpiarnos con el agua que fluye en el río. Dejamos de sonreír al sol y escuchar a la lluvia desde la cueva. Llegaron las brújulas y los mapas, los jabones, la televisión y los paraguas. Llegó el Desarrollo.

Se nos llena la boca de palabras y se nos infla el pecho de orgullo cuando hablamos de Desarrollo, de cómo hemos evolucionado y de los cambios positivos que vamos logrando en el mundo. Un desarrollo con cara de hombre, de ciencia, de acción. Este desarrollo nunca te dirá que, si un día necesitas paz interior, no vayas a trabajar porque necesitas trabajar en ti misma. Es el desarrollo que, a la vez que ha ido creando máquinas, nos ha convertido a nosotras en ellas.

Siempre se ha dicho que lo emocional es el campo de las mujeres, ¿casualidad que, en un mundo de hombres, en lo que menos hayamos evolucionado haya sido en el ámbito emocional? Teléfonos inteligentes que saben hacer más cosas de las que podemos comprender, aparatos que limpian solos la casa o que te cocinan lo que quieras… Pero si miramos a los humanos, los mismos celos, la misma posesividad, el mismo afán de ser por encima de otros, el mismo egoísmo y la misma arrogancia. ¿Dónde está aquí el desarrollo? Si aún vemos a los políticos peleando por demostrar quien la tiene más larga, en vez de cooperar por lo que la gente necesita.

Nos aplaudimos, porque somos listos, porque la mente todo lo puede. Mientras, los índices de depresión, ansiedad y demás conflictos emocionales siguen en aumento. Nadie se preocupa de aprender a gestionarlos, el estrés que reconcome a nuestra sociedad no es atendido hasta que te pega con un cáncer, un infarto o cualquier grito de alerta de tu cuerpo.

No esperemos a este grito, querámonos un poquito. Dejemos de tener miedo a las emociones solo porque sean las grandes desconocidas. Aprendamos de ellas y utilicémoslas para crecer. Y por favor, ¡miremos al cielo! Está ahí cada día esperando a que nos volvamos a él para mostrarnos de nuevo el camino.