La mujer de las mil y una caras

Crecemos con mil y una indicaciones de cómo deberíamos ser, por fuera y por dentro. Qué carácter deberíamos tener, cómo deberíamos vestir, qué deberíamos comer, y hasta qué deberíamos leer o incluso pensar… Semejante intromisión en el desarrollo personal a mí me llevó únicamente a estar perdida. Ya no sabía quién era, no sabía lo que me gustaba o cómo me sentía en diferentes situaciones, no sabía qué quería hacer en mi vida (y sigo sin saberlo), ni como quería vivir. Llega un punto en el que te preguntas, ¿son realmente míos mis principios, mis valores? Y así me di cuenta de que no, que lo que pasa es que no te enseñan a desarrollarte o a pensar, te enseñan a asentir y obedecer, sobre todo si eres niña, como yo.

Al despertar de ese trance en el que más que persona eres marioneta llega el caos, y en mi caso fue como estar perdida en un océano enorme en busca de la forma exacta que quería darle a mi ser, lo cual me causaba bastante ansiedad debido a que no encontraba tal forma exacta. Así que… ¡que le den a la forma exacta! Porque sí, me gusta ser la niña buena, pero también la rebelde que se pega una buena juerga, y la responsable y en ocasiones la irresponsable. Me gusta ser sensible y otras veces me gusta que todo me resbale. Ser la romántica que sueña con viajes idílicos en pareja y la aventurera fuerte que se va a comer el mundo sola. La que vive de día y la que se pierde en la noche. La que se maravilla y carga de energía en el campo verde y la que se queda hipnotizada con el ir y venir de las olas, y la que visita una ciudad y se maravilla de los edificios, los parques y las costumbres. La que baila con la lluvia, y la que brilla con el sol, y la que vuela con el viento. La que se emociona con un bonito atardecer y la que se revitaliza con un amanecer, o la que puede pasar horas mirando las estrellas. La que llora o ríe con la misma película, dependiendo el día que tenga. La que es mujer fuerte que lucha y la niña que se acurruca en un abrazo.

Y así es… me he dado cuenta de que no, que no tengo que ser una, incambiable, ella, “la que”. Habrá gente maravillosa así, pero yo no puedo, lo siento, por más que lo haya intentado no puedo. Porque hoy os digo esto y mañana os diré cualquier otra cosa, aunque siempre intentando seguir un hilo de coherencia, soy así. Cambiante como el paisaje según la estación que le acaricie. A mí me acarician las estaciones, los meses, los días, las horas… Y no dejo de observar, y aprender, y crecer… Y no hay nada más maravilloso que andar el camino de la vida e ir cambiando de paisaje. Por eso, yo decido experimentar las mil caras que la vida me permita y me tiente a probar, porque prefiero tener mil caras que llevar una máscara, pero sobre todo… volar, libre como el aire. Y con todas esas caras…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s