La humanidad lloraba y llora

El otro día llovía… Llovía y yo iba en autobús por la ciudad. Me encanta ir en autobús,
¿sabéis? Sí… me gusta el tren (todo el mundo adora ir en tren…), pero hay algo en el autobús… Será por todos los autobuses que he cogido en mi vida, no sé… El caso es que en el tren me siento lejos del mundo, sin embargo, en el autobús te mueves entre todo el mundo, entre las personas, las calles, los coches, pero es como si nadie te viera. De ese modo, me encanta ir dentro, moviéndome siendo invisible, viendo las gotas caer por el cristal, sin mojarme, con la música en mis oídos y observando a todo el mundo como si de una película se tratara.

Así iba el otro día cuando sonó Mad World de Gary Jules, ¿la conocéis? Esta canción me llega a lo más profundo del alma… Y esta canción me llevó a entender varias cosas. De pronto veía todo muy claro, un montón de personitas vacías dando vueltas en círculo, pero sin un sentido real. Viviendo vidas ficticias y superficiales, creyendo ideas que ni siquiera han salido de su interior, ¡parecía un videojuego! Mad world… Y también entendí… Entendí que todo lo que estaba viendo era miedo. Miedo a no llegar a fin de mes. Miedo a no hacerlo bien. Miedo a no ser lo que me han dicho que tengo que ser. Miedo a que no me acepten. Al final, todo reducido a miedo a que no me quieran. Todxs queremos que nos quieran, es lo que buscamos desde que nacemos. Así creamos nuestros personajes, haciendo todo lo que consideramos más eficaz para que nos quieran. Y así, la mayoría de nosotrxs vivimos llenos de miedo durante prácticamente toda la vida.

Ver esto respondió a una de mis dudas existenciales, una que consiste en no entender en qué momento y por qué en este mundo unas sociedades (sobre todo la mía) se han dedicado a someter a otras, a explotarlas, etc. El no entender el origen de las guerras, de la pobreza, del egoísmo tan grande que reina en este planeta, de la violencia desmesurada… Y entonces fue tan claro… Todo esto está generado por el miedo. Aaaay, ¡el miedo! Miedo a pasar frío, a pasar hambre… El miedo que nos acongoja, que no nos deja dormir por la noche, que nos impide lanzarnos a cumplir nuestros sueños y vivir aventuras… Sí, el miedo. El miedo que le impide a alguien hacer un bonito regalo. El miedo que nos impide abrazarnos, reírnos… El miedo que nos enmudece cuando nuestro corazón está gritando ¡Te quiero! Que nos impide decir ¡Te quiero! al señor que nos sonríe todas las mañanas desde el quiosco, ¡Te quiero! a la panadera, ¡Te quiero! a la conductora del autobús, ¡Te quiero! a nuestrxs amigxs, familiares, seres queridos… Pero sobre todo, sobre todo… ¡Te quiero! a nosotrxs mismxs.

Puede sonar triste… Sin embargo, para mí, hay algo precioso en todo esto, que es el poder darnos cuenta. Darnos cuenta para empezar a decir ¡Te quiero! a quien queramos, cuando queramos. Empezar a llorar cuando nos apetezca llorar. Empezar a bailar en medio de la calle si mis piernas me lo piden a gritos, o a cantar si siento que estoy creando un nudo en mi garganta por no hacerlo. Empezar a abrazar, y besar y acariciar cuando nos apetezca. Empezar a ser más humanxs y menos marionetas.

El otro día estaba llorando, y me sorprendí a mí misma fascinada por la hermosura de mi llanto, la belleza de la sensibilidad, del dolor cuando viene y lo escuchamos, y le damos su espacio. La belleza del sentir y entregarme a ese sentir.

Ahora creo que si tratásemos de llenar nuestras vidas de amor y no de miedo, todo sería más fácil. Si en vez de juzgar las imperfecciones, las amásemos. Si en vez de negar las emociones calificadas como “negativas”, las abrazásemos. Si nos aceptásemos tal y como somos y así nos amásemos. Un amigo querido me enseñó un mantra que él se repetía cada mañana y que creo que puede ser un buen comienzo: YO ME AMO, YO ME LIBERO.

La mujer de las mil y una caras

Crecemos con mil y una indicaciones de cómo deberíamos ser, por fuera y por dentro. Qué carácter deberíamos tener, cómo deberíamos vestir, qué deberíamos comer, y hasta qué deberíamos leer o incluso pensar… Semejante intromisión en el desarrollo personal a mí me llevó únicamente a estar perdida. Ya no sabía quién era, no sabía lo que me gustaba o cómo me sentía en diferentes situaciones, no sabía qué quería hacer en mi vida (y sigo sin saberlo), ni como quería vivir. Llega un punto en el que te preguntas, ¿son realmente míos mis principios, mis valores? Y así me di cuenta de que no, que lo que pasa es que no te enseñan a desarrollarte o a pensar, te enseñan a asentir y obedecer, sobre todo si eres niña, como yo.

Al despertar de ese trance en el que más que persona eres marioneta llega el caos, y en mi caso fue como estar perdida en un océano enorme en busca de la forma exacta que quería darle a mi ser, lo cual me causaba bastante ansiedad debido a que no encontraba tal forma exacta. Así que… ¡que le den a la forma exacta! Porque sí, me gusta ser la niña buena, pero también la rebelde que se pega una buena juerga, y la responsable y en ocasiones la irresponsable. Me gusta ser sensible y otras veces me gusta que todo me resbale. Ser la romántica que sueña con viajes idílicos en pareja y la aventurera fuerte que se va a comer el mundo sola. La que vive de día y la que se pierde en la noche. La que se maravilla y carga de energía en el campo verde y la que se queda hipnotizada con el ir y venir de las olas, y la que visita una ciudad y se maravilla de los edificios, los parques y las costumbres. La que baila con la lluvia, y la que brilla con el sol, y la que vuela con el viento. La que se emociona con un bonito atardecer y la que se revitaliza con un amanecer, o la que puede pasar horas mirando las estrellas. La que llora o ríe con la misma película, dependiendo el día que tenga. La que es mujer fuerte que lucha y la niña que se acurruca en un abrazo.

Y así es… me he dado cuenta de que no, que no tengo que ser una, incambiable, ella, “la que”. Habrá gente maravillosa así, pero yo no puedo, lo siento, por más que lo haya intentado no puedo. Porque hoy os digo esto y mañana os diré cualquier otra cosa, aunque siempre intentando seguir un hilo de coherencia, soy así. Cambiante como el paisaje según la estación que le acaricie. A mí me acarician las estaciones, los meses, los días, las horas… Y no dejo de observar, y aprender, y crecer… Y no hay nada más maravilloso que andar el camino de la vida e ir cambiando de paisaje. Por eso, yo decido experimentar las mil caras que la vida me permita y me tiente a probar, porque prefiero tener mil caras que llevar una máscara, pero sobre todo… volar, libre como el aire. Y con todas esas caras…

Otro motor para el cambio social

Últimamente me he sentido bastante distante a los movimientos sociales, tanto que incluso reconozco que me han producido cierto rechazo. El caso es que cuando abres la puerta del mundo de la meditación, de la paz, del bienestar general, de la fluidez vital… no hay vuelta atrás. Hace no demasiado abrí esa puerta, y como digo, no hay vuelta atrás. Así es que… de repente, pasé de sentirme emocionada y excitada en las manifestaciones o formando parte de ciertos movimientos sociales a sentirme incómoda en ellos, y poco a poco descubrí qué sucedía. Había abierto las puertas del positivismo, del creer que a veces las cosas buenas pasan porque sí, sin la necesidad de que haya una trampa por detrás. Del creer que a veces las personas buenas son buenas porque sí, sin tener intenciones ocultas. Del creer que otro mundo es posible, más bonito, basado en la confianza, la cooperación y el amor. Del descubrir que quererse a una no es egoísmo, sino que cuanto más se quiera una más amor podrá compartir con lxs demás. Y vi… que en algunas manifestaciones sale la rabia, el enfado y el odio de las personas. No lo juzgo, porque lo entiendo. La rabia suele ser la primera reacción a que te toquen las narices. Sin embargo, ¿acaso no es rebajarse a su nivel tratar de combatir lo cretino siendo igual o más cretino? ¿Acaso no resulta absurdo odiar el odio? ¿Combatir el odio con más odio? El odio reside en el miedo, y del miedo con más miedo no sé yo si puede salir algo positivo. Así, algunxs, hemos llegado a la conclusión de que la cuestión no es combatir el odio con más odio, no consiste en ser más hijo de puta que el hijo de puta que te ha tocado las narices, o que actúa de una manera incomprensible para ti. La cuestión, por muy cursi que pueda sonar, es combatir el odio con amor. ¿Que qué bonito pero que cómo se hace? Elevándose sobre el odio y el miedo. Elevándose tan alto que apenas te puedan tocar, y una se eleva siendo fiel a sus principios y valores, actuando con coherencia y consciencia. ¿Y eso de qué sirve para cambiar este mundo tan gris? Pues sirve porque el efecto dominó que se produce cuando llegamos a ese nivel es alucinante, y ¿sabes por qué? Porque te diriges a lxs que tienes delante desde el respeto, y creedme, cuando tratas a las personas con respeto la respuesta es muy diferente, porque generalmente también sale desde el respeto. Así es que, amigas y amigos, me he vuelto fiel defensora de aquella frase tan pragmática de esa persona tan grande, “sé el cambio que quieres ver en el mundo”, y sinceramente, es mucho más efectivo que enfadarse y patalear como una niña o un niño, aunque al principio no lo parezca. Por ello, os animo a… 1. ¡elevaros! ¡elevaros! ¡elevaaarooos! 2. ser el cambio que queráis ver en el mundo.

“Cambio” internacional contra la violencia de género, soltando la voz al viento 365 días al año

Hay una razón por la que no me gustan los “Día Internacional de…”, hoy “Día Internacional contra la Violencia de Género”. Y es que todos los días deberían ser el “día internacional” de tantas cosas… Por supuesto de la lucha contra la violencia de género, por supuesto del orgullo “gay” o más bien de la libertad de que cada unx viva su sexualidad exactamente de la manera que le dé la santa gana… El día de que las mujeres se sientan fuertes y libres y con capacidad de alzar su voz hasta lo más alto de este mundo. El día de que la dominación no sea la primera fuerza del planeta. El día de que ninguna persona se sienta con derecho sobre la naturaleza, los animales ni ninguna otra persona. El día de que ser mujer sea un orgullo, por lo menos tan grande como el que ha sido tanto tiempo ser hombre, si no más… El día de reconocer el valor de dar la vida. El día de que esos hombres que pegan, maltratan y dominan a mujeres se den cuenta de que si no fuera por éstas no podrían ni soñar con estar en este mundo. El día de educar a los machunos envidiosos (calificativo que ni de lejos incluye a todos los hombres de este mundo, gracias a dios…), usar su fuerza física como única herramienta para obtener el poder es muestra de una carencia de habilidades personales y es una muestra de debilidad. El día de no pegar, insultar, forzar, violar, gritar y matar a tus madres, tus hermanas y tus hijas. El día de que la mujer se sienta fuerte sin pegar, insultar, forzar, violar, gritar ni matar, porque así es ella, fuerte, amorosa y fuerte. El día de que sonría irradiando luz. El día de que las relaciones entre mujeres y hombres sean relaciones de iguales y de mutuo respeto, en el que la mujer admire al hombre que tiene delante por sus cualidades y que el hombre haga lo mismo con dicha mujer. El día de que las mujeres no se consideren objetos, ni sexuales, ni comerciales, ni de ningún tipo. El día de que llevar bello en el cuerpo se reconozca como algo natural, que los labios estén rojos por salud y no por pintura probada en animalitos, y de que no se tengan dolores de espalda porque las posturas más utilizadas por mujeres sean aquellas que menos espacio ocupan (ej.: cruzar las piernas) y no sean naturales a nuestra forma física. Pero esto… esto no se consigue por intentar visualizarlo un día al año, ¡por favor! Esto se consigue trabajando y educando los 365 días del año. Esto no se consigue promulgando leyes que obliguen a contratar el mismo número de hombres que de mujeres. Sé que muchxs estaréis pensando que todo eso es cierto pero que algo habrá que hacer mientras la realidad que nos rodea no sea así, porque además muchxs de vosotrxs tendréis grandes dudas de si algún día será tan idílica. Para mí no es una opción, lo va a ser, pero para conseguir esto se necesita un trabajo de mucho más trasfondo. Es una cuestión de principios y de valores y de cómo comprendemos la realidad que nos rodea. Es una cuestión de curarnos de un montón de sinsentidos que nos hemos ido tragando a lo largo de la historia, haciendo comprender y educando, y desde luego, siempre desde el amor, los 365 días del año.

YO SOY LISTA. YO SOY GUAPA. YO SOY FUERTE.

“…pero una victoria no se ha logrado , hay que seguir con fuerza y que todas… luchen por lo amado… reivindicando a la mujer progreso… aunque sé que para lograrlo hay un gran trecho…”

Ni marimacho, ni feminazi. Feliz sin la perdiz.

Queridas personas, debemos ser cuidadosos con ese término tan polémico… Feminismo. Tras conversar largo y tendido con amigas y amigos he decidido expresar por esta vía qué es para mí el feminismo y por qué me reafirmo como feminista. Hay quien confunde el feminismo con el hembrismo o misandria, es decir, odio o desprecio a los hombres o creencia de que la mujer es superior a éste, pero no debemos confundir estas palabras con la nuestra, feminismo. Feminismo. Según la Real Academia Española su significado es: 1. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. 2. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

Bueno, yo me considero feminista… sin embargo mi percepción de esto no coincide con la definición de la RAE. Feminismo viene de femenino, que es un género, no un sexo. Todas las personas tenemos un lado masculino y otro femenino, e independientemente de nuestro sexo solemos tener uno de los lados más desarrollado que el otro, aunque sí se suele dar una orientación más femenina en las mujeres y una más masculina en los hombres, en la mayoría de los casos, sin que ello determine nada. El caso es que durante años y años de historia se ha tratado de “aniquilar” la energía femenina y lo que sucede con el feminismo es que se trabaja para recuperarla y empoderarla, para darle el lugar que en nuestro planeta se merece y debe ocupar. Para hallar un equilibrio se necesitan ambas energías. Se dice que la energía femenina representa la compasión, el amor, la calidez, las emociones y sentimientos, la dedicación… Y nos preguntamos por qué hay tanto odio y guerra y rechazo en el mundo… Pues la ausencia de la feminidad es una de las razones. Esto no significa que la energía femenina sea mejor que la masculina, ni mucho menos, ambas son igual de necesarias. Se dice que el machismo comenzó por un sentimiento de envidia del hombre hacia la mujer. La mujer da vida, el hombre no. La mujer está más conectada a la Madre Tierra porque ella también es madre, y el hombre no. No obstante, esto no debe ser motivo de celos o envidia. Los años de reinado del machismo tampoco deben convertirse en un rechazo de la feminidad a la masculinidad, ni de las mujeres a los hombres. Nada se logra desde el odio, el rencor, el rechazo o los miedos. Solo se avanza y se resuelve desde el amor, y eso es lo que nos toca ahora. Recuperar mucho amor. Amor de lo masculino a lo femenino, de lo femenino a lo masculino. Luchar porque la feminidad ocupe todo el lugar que debe y porque aprenda a complementarse con la masculinidad.

Y nosotras, mujeres, no debemos dejarnos nublar. El empoderamiento femenino no consiste en volvernos iguales que los hombres, en masculinizarse. No consiste en tener hijos, divorciarnos y tener la custodia ejerciendo como madres y amas de casa mientras trabajamos a jornada completa. Tal vez hayamos evolucionado bastante como para desde la igualdad como personas, padre y madre puedan repartirse las tareas de la manera en la que lo sientan. No consiste en ser igual de agresivas y exitosas en el trabajo, tal vez nuestro trabajo sea más amoroso y cuidadoso, ¿qué hay de malo en ello? No consiste en ser igual de insensibles o igual de fuertes. No somos menos fuertes, pero tal vez nuestra fuerza es diferente. Su origen tal vez venga de otro lugar y tal vez transforme de manera diferente. Lo que toca es sentirse orgullosa de ser femenina. Yo lo estoy. A los hombres también les toca aprender a lidiar con ese lado femenino. Los hombres sí pueden sentir, amar, compadecerse, y por supuesto, llorar. Las mujeres podemos ser guerreras, pero luchamos desde el amor a la vida y al prójimo.

Para mí el feminismo no significa la homogenización de hombres y mujeres, de lo femenino y lo masculino. Para mí el feminismo significa conocer nuestras diferencias y ver lo maravilloso de cada matiz y quererlo y respetarlo. Empoderar ambas energías, entenderlas, quererlas y defenderlas. Entender que femenino no es depilarse, calzar tacones y hacer dietas, igual que masculino no es fútbol, músculos y agresividad. Igualdad no tiene por qué significar que todos somos iguales, si no que no se nos deben dar diferentes libertadas o imponer diferentes límites dependiendo del género, así como tampoco del sexo. Está igual de bien que una persona sea más femenina que masculina y viceversa, sin importar el sexo. Que luche, o que llore, o que haga ambas cosas, porque todo tiene su parte a apreciar. La cosa es aprender a trabajar como un equipo, a admirar las cualidades de quien tenemos enfrente y complementarnos para evolucionar juntas y juntos gracias a los potenciales de todas y todos.

Viva el empoderamiento femenino para todas y todos!! Y es que soy feliz sin la perdiz 😉

Descontaminarse y brillar

Soy una de esas personas que siempre le están dando vueltas a todo en la cabeza. Y así, mis ideas se transforman casi a diario. Es algo con lo que todavía tengo que empezar a lidiar… El caso es que, debido a esta “característica” mía, a lo largo de mi poco extensa vida he pensado mucho a cerca del mundo, de las personas, de la sociedad, de las culturas, etc. Y cuanto más lo pensaba menos sentido tenía para mí todo lo que me rodeaba. A los 15 años mi burbuja empezó a romperse, empecé a ver el mundo mucho más allá de mi familia o mi colegio y, para bien o para mal, comenzó mi frustración. Una frustración por no comprender el sistema de la película en la que me había tocado ser personaja. Lo bueno es que como de todo se aprende esa frustración me empujó a vivir en un camino de diversas, maravillosas e intensas experiencias. He ido probando ideas y sistemas que pudiesen concordar con mi idea del camino de eso que la gente llama felicidad, aunque todavía no esté segura de qué camino quiero elegir, supongo que más que de elegir se trata de fluir. Hace cinco años, poco después de que mi burbuja explotará y empezase a hacerme preguntas sobre el mundo y la vida, escribí esto: “Descontamínate. Expulsa las complicaciones innecesarias de tu mente. Sueña. Acéptate. Siéntete orgulloso de ti misma. Una vez conseguido mira dentro de ti, en lo más profundo de tu alma, porque únicamente ahí es donde podrás hallar la verdadera felicidad.” Como he dicho, mis ideas se transforman constantemente, no obstante sigo estando de acuerdo con esas palabras. Aun así, a mí más que de felicidad (que no consigo saber muy bien lo que significa) me gusta hablar de libertad, y creo que puede que el significado que unxs y otrxs atribuimos a ambas palabras sean similares. Un amiga, Nuria, hablaba una vez en su blog (http://mujertaruk.wordpress.com/) sobre lo bien que está el alma en lo sencillo, y creo que era eso lo que mi joven inconsciente quería explicarme cuando me salió eso de “descontamínate”.

Ese momento fue en el que empecé a ver que tener un “buen” trabajo, hacer una “buena” carrera o tener una “buena” casa no me iban a aportar esa sensación de libertad/felicidad. Lo siento mucho mundo… para mí no tienes sentido… no encajas en mis ideas… Así que… ¿por qué tengo que encajar yo con las tuyas? Hay gente que VIVE sin dinero en un mundo capitalista. Hay gente que VIVE sin un trabajo convencional. Hay gente que VIVE en familias muy amorosas y muy poco ortodoxas. Yo también quiero VIVIR y sentirme libre. Para ello creo que tenemos que permitirnos mirar más allá de nuestra burbuja y después, más allá de la primera superficie del mundo. Cuestionarnos las cosas y arriesgarnos a pensar en alternativas existencialistas locas y muy idílicas que después empezaremos a ver cómo podemos materializarlas, como vivir sin dinero en una sociedad capitalista… ¡Qué locura! ¿Y por qué no? ¡Qué divertido!

Pero… ¿sabéis por qué no lo hacemos casi ningunx? Por el miedo. Ese miedo que nos paraliza y nos hace quedarnos en ese lugar en el que estamos, que no me atrevo ni a llamar área de confort… Y todo porque estamos contaminados. Imaginemos que nacemos con una luz muy muy bonita y muy muy brillante en nuestro interior, llamémosla felicidad. Nacemos libres del todo, limpios y puros, hasta que el mundo y la sociedad que nos rodea nos empieza a contaminar, a contaminar de miedos, y nosotrxs nos dejamos. Entonces, esa luz se va tapando, no es que desaparezca, siempre está ahí, es solo que cada vez costará más verla. Entonces, a) nos amoldamos a la estructura que se nos presenta al venir al mundo, o b) nos perdemos. Así… que para todxs lxs perdidxs… ¡solo hay que encontrar de nuevo la luz! Descontaminarse de todas esas nubes grises de miedo que la han ido rodeando. Sentir. Sentir el amor y sentir la vida. Así, podremos dejarnos de quejar de este mundo tan gris para ayudar a construir uno lleno de color y de vida. ¡Descontamínate!

Hablando de sueños y utopías…

Al parecer mi forma de pensar es demasiado idealista, demasiado utópica… Sí, soy una soñadora empedernida, pero me encanta. Y es que cuando hablo de mi manera de ver las cosas, la gente suele decirme lo bonito que suena pero lo poco realista que resulta. Mi primera reacción suele ser dar la razón… Si es que soy una ilusa de la vida… Pero después, pienso… ¿acaso no es una libre de pensar lo que quiera? Precisamente la imaginación es aquella que nos da las alas para viajar por mundos idílicos, por realidades de las que desearíamos formar parte. Por una u otra razón desde muy pequeña me ha gustado viajar por esas realidades lejanas. Uno de mis momentos favoritos siempre fue meterme en la cama y antes de dormir soñar despierta todo lo que quisiera hasta seguir soñando una vez dormida. Después, despertarme y poder darle la continuación que más me gustara a algún otro sueño. Esos momentos en los que tenía la libertad para hacerlo, sin que nadie me dijera que a ver qué estaba pensando o que volviera a este mundo, como si dejarlo por momentos fuera algo malo.

Hoy es el día en que los sueños han dejado de ser escaparme volando con mi vestido favorito y el pelo lleno de flores a bailar bajo la luna llena o darle un beso a algien que me gustara. Hoy sueño con un mundo en el que no existen fronteras, ni banderas, ni cárceles, ni hambre. Ni dominación de hombres a mujeres, ni de blancos a negros, ni de grandes a pequeños, ni de ricos a pobres. En mi mundo no existe la pobreza porque todo es abundancia y el compartir es lo de cada día. No existen partidos políticos que luchen por obtener el poder, porque la gente de mi mundo sabe que no se trata de poder. Se trata de felicidad, de humanidad y de amor. La gente de mi mundo entiende que la tierra es nuestra verdadera madre y que por lo tanto debemos cuidarla y quererla. Los niños son libres de aprender por sí mismos aquello que desean aprender y los mayores son tratados con el aprecio y el cariño que tras sus años se merecen. Claro que hay tristeza, pero como dice aquella frase “el alma no tendría arcoíris si los ojos no tuvieran lágrimas”. Las mujeres siempre se ven y se sienten tan preciosas como son, tan naturales como son, así como los hombres.

Nos animan a perseguir nuestros sueños cuando consisten en crear un proyecto interesante, en ser un deportista de alto standing o un músico famoso. Pero, ¿qué pasa cuando nuestros sueños consisten en imaginar un mundo más amoroso, más hermoso, más respetuoso? Me han dado a entender muchas veces que eso son sueños de los que se guardan en un cajón, porque no son realistas. Bien, pues yo he decidido que no. Que tal vez mi mundo no será el mismo que el de los demás, pero lucharé por mi sueño. Así que por muy idílico que suene, muy lejano y muy utópico… yo, viviré lo más cerca posible de mi mundo, de mi sueño.

Mi cuerpo, mi casa

Quiérete, mujer. Tu cuerpo es bonito por naturaleza. Tu cuerpo es perfecto por naturaleza. Tu cuerpo es único por naturaleza. Tu cuerpo es diferente por naturaleza, y en esa diferencia se halla la belleza. Encuentra un espejo, mujer, y desnuda, obsérvate en él. No puedes seguir siendo una extraña en un cuerpo que no apruebas. Tu cuerpo es único por naturaleza, y por eso es perfecto y hermoso. Toma contacto con tu cuerpo, mujer. Hoy, a la mujer que lea este blog le hago una sugerencia. Cuando puedas y estés tranquila, date un baño o una ducha, y con todo el mimo y el cariño del mundo acaríciate y enjabónate… Al salir coge la toalla y sécate con amor, y después, permítete sentirte un rato desnuda, tal y como viniste al mundo. Pon música que te haga sentir bien contigo misma y, delante de un espejo, date un masaje con crema por todo el cuerpo, péinate con cuidado, échate perfume, si quieres, y baila, baila y baila en libertad! Siéntete libre de cualquier canon, de cualquier expectativa de ser algo que no eres. Siéntete perfecta y maravillosa, porque lo eres. Mírate al espejo, desnuda, sí, y reconoce tu cuerpo. Es tu casa en este mundo, y no vas a tener otro. Ese cuerpo es pura naturaleza, y la naturaleza es perfección. A las amantes de la naturaleza, ¿acaso cuando vais al campo os dedicáis a sacar defectos de lo que véis? ¿Y por qué demonios lo hacéis con vosotras mismas? Y a las que no, con cualquier cosa que os guste… ¿Sabéis qué? ¡Qué bien que mi cuerpo sea diferente! Yo amante de la originalidad, digo, ¿de verdad creéis más bonito un mundo de cuerpos y caras iguales? Rompe las cadenas de la opresión sobre la mujer. Cómprate ropa de tu talla sintiéndote orgullosa sea cual sea ésta, porque esa eres tú, ¡única y maravillosa en este mundo! YO SOY GUAPA, YO SOY LISTA, YO SOY FUERTE

 

Pensarse con amor

Hay una canción de Amparo Sánchez que recomiendo escuchar a toda mujer, Alma de Cantaora. En ella escuché esto que tanto me gustó de “pensarse con amor”. Y es que… ¡cuánta razón! ¡Qué difícil nos lo ponen! Pero… ¡qué indispensable es para hallar nuestra felicidad! Esta entrada va dedicada a una persona muy mágica y muy especial, pero me gustaría que todas las que lo leáis aceptéis el mensaje como destinatarias.

Lo primero que quiero que entiendas es que todo eso que sientes, la inconformidad, la falta de autoestima, de amor propio, de aceptación y reconocimiento de tu cuerpo, no es más que el fruto de lo que te llega a lo largo del día. Por lo tanto, es importante que comprendas que lo que te pasa es normal y que, bajo ningún concepto, debes sentirte responsable o culpable por ello. Sé que es confuso y frustrante seguir sintiéndose así cuando no se corresponde en absoluto con tus principios, pero la presión es tan fuerte que no bastará solo con comprender la situación. Así es que, tanto a ti como a mí, nos toca a partir de ahora luchar cada día más fuerte para vencer toda la basura que nos rodea y que trata de apagar nuestra luz. Porque somos más fuertes, porque lo valemos y porque nos lo merecemos. Y… ¿Cómo venceremos a una fuerza tan grande y que tiene como fieles y ciegos militantes a tantas y tantos?

Esa es la cuestión, una vez comprendemos que no nos creemos el cuento y que queremos para nosotras algo mejor, ¿cómo luchamos para conseguirlo? Pues aprendiendo a “pensarse con amor”. Y es que si tú misma no te piensas con amor no habrá nadie que pueda sustituir esa necesidad para el propio bienestar, y al fin y al cabo, para tu felicidad. Eres humana y eres mujer. Eres una criatura maravillosa, eres belleza por naturaleza y además tienes el increíble don de dar vida. Aprende a reconocer tu cuerpo como esa criatura maravillosa. No se trata de luchar para “perfeccionarlo” hacia el modelo que tratan de imponernos y pensar que cuando lo alcances será cuando al fin te pensarás con amor. NO. Se trata de aprender a quererte, por dentro y por fuera. Cuando hayas cogido unos kilitos o cuando los hayas perdido. Cuando te hayan salido granos o no te hayas depilado. Cuando te sientas irritada o sientas que lo estás haciendo todo mal, porque simplemente estas cometiendo errores, lo cual es parte de tu naturaleza humana. Cuando creas que lo que vas a decir es una estupidez, no te quites importancia, cuanto más te valores tú, más te valorarán lo demás. Mírate al espejo, pero hazlo sin juzgarte. Mírate con el amor y el cariño que miras a las personas que más aprecias, porque te mereces eso o más. Los primeros días será extraño y difícil (tanto tiempo haciendo lo contrario…), pero tal vez tras mucho repetirlo empieces a asimilarlo. Procura pensar de este modo positivo en la misma medida que desde el exterior procuran que pienses lo contrario. Así es como se ganan las guerras, acabarás con lo negativo añadiendo más positivo. Ésta es tú guerra, ésta es mi guerra, ésta es nuestra guerra.

Eres pura magia, amor, naturaleza y belleza. Recuérdalo cada vez que intenten hacerte creer lo contrario. YO SOY GUAPA, YO SOY LISTA, YO SOY FUERTE.

Érase una vez…

A todas y cada una de las maravillosas mujeres que habitan este planeta.

Para empezar me gustaría explicar de dónde surge la idea de crear este blog. Veréis, últimamente he tenido conversaciones y disertaciones varias acerca de lo que el mundo nos está haciendo a las mujeres y me he dado cuenta de que no podemos seguir tragando, que es hora de revelarse. A la que aquí se esté preguntando… ¿y qué nos hace?, tengo que decirle que lo primero que tiene que hacer es abrir los ojos, ya que han conseguido hacerle tragarse el cuento de fantasía por completo. ¿Qué cuento? ¿Queréis que os cuente un cuento? Bien, pues el cuento comienza así…

Érase una vez, en un reino muy muy cercano, las mujeres eran perfectas en todos los sentidos. Para empezar, como todas os imaginaréis todas eran extremadamente delgadas. Las piernas de todas ellas eran infinitamente largas, no tenían un gramo celulitis, ni un pelo en todas ellas, por supuesto. Esa delgadez tan natural provocaba que se percibiese un agujero arqueado entre sus muslos bien tonificados, al igual que sus nalgas, respingonas y bien firmes. Su vientre era plano como una tabla de planchar, pero todas con pechos grandes, firmes y bien moldeados. Evidentemente les resaltaban los huesos de la clavícula y los de los hombros, y los brazos también se veían bien delgados. Por encima, un cuello largo, sujetando una cara de muñeca de porcelana, con un cutis impecable, labios carnosos y brillantes por naturaleza, nariz perfectamente simétrica, pómulos salientes y rosados, ojos grandes rodeados de largas y abundantes pestañas bajo unas cejas perfectamente alineadas. A todo esto, le acompañaba, por supuesto, una larga y abundante melena, que no era necesario peinar, porque siempre se mostraba rebelde pero perfecta. Y, ¿sabéis qué era lo mejor de todo? Estas mujeres no hacían nada para ser así, simplemente eran así. No necesitaban dietas, porque comiesen lo que comiesen su cuerpo era así, por lo que tampoco era necesario el ejercicio. No eran necesarias cremas ni maquillaje, ni nada por el estilo. Por este motivo, el mundo entero se rendía a sus pies, conseguían todo lo que quería tan solo con chasquear los dedos. Todos los hombres suspiraban a sus pies. Además, trabajan más horas de lo normal por un salario más bajo, pero jamás se quejaban, no era un esfuerzo, lo hacían encantadas. Tampoco les importaba al salir, tener que ocuparse de la casa, de los hijos y de los maridos como si fueran sus madres, porque ellas no se cansaban, siempre de buen humor y con una sonrisa. Si no podían dormir o descansar, no lo hacían, no lo necesitaban, como tampoco invertir tiempo en ellas, en su bienestar, en su felicidad. Después de todo eran perfectas por naturaleza y así eran tremendamente felices. Lo tenían todo, ¿no?

Bien, en esta primera entrada quiero hacer una primera aproximación a asimilar que este cuento que nos cuenta el mundo cada día, a cada hora, es eso, un cuento, igual que Peter Pan o los siete enanitos. Lo primero que debemos hacer es asimilar que esta no es una realidad, y que por no ser como esas mujeres que he descrito no tenemos que intentar serlo, ni creer que debemos desvivirnos para aspirar a ello. Porque ni es mejor que lo que somos ni es una realidad. Es difícil, la presión es tremendamente fuerte, los sé, lo sé muy bien… Pero juntas debemos revelarnos, ese no es nuestro cuento, así que tenemos que aprender a salir de él. Porque nos están robando nuestra naturaleza, nuestra esencia y nuestra felicidad.

YO SOY GUAPA, YO SOY LISTA, YO SOY FUERTE