Hablando de sueños y utopías…

Al parecer mi forma de pensar es demasiado idealista, demasiado utópica… Sí, soy una soñadora empedernida, pero me encanta. Y es que cuando hablo de mi manera de ver las cosas, la gente suele decirme lo bonito que suena pero lo poco realista que resulta. Mi primera reacción suele ser dar la razón… Si es que soy una ilusa de la vida… Pero después, pienso… ¿acaso no es una libre de pensar lo que quiera? Precisamente la imaginación es aquella que nos da las alas para viajar por mundos idílicos, por realidades de las que desearíamos formar parte. Por una u otra razón desde muy pequeña me ha gustado viajar por esas realidades lejanas. Uno de mis momentos favoritos siempre fue meterme en la cama y antes de dormir soñar despierta todo lo que quisiera hasta seguir soñando una vez dormida. Después, despertarme y poder darle la continuación que más me gustara a algún otro sueño. Esos momentos en los que tenía la libertad para hacerlo, sin que nadie me dijera que a ver qué estaba pensando o que volviera a este mundo, como si dejarlo por momentos fuera algo malo.

Hoy es el día en que los sueños han dejado de ser escaparme volando con mi vestido favorito y el pelo lleno de flores a bailar bajo la luna llena o darle un beso a algien que me gustara. Hoy sueño con un mundo en el que no existen fronteras, ni banderas, ni cárceles, ni hambre. Ni dominación de hombres a mujeres, ni de blancos a negros, ni de grandes a pequeños, ni de ricos a pobres. En mi mundo no existe la pobreza porque todo es abundancia y el compartir es lo de cada día. No existen partidos políticos que luchen por obtener el poder, porque la gente de mi mundo sabe que no se trata de poder. Se trata de felicidad, de humanidad y de amor. La gente de mi mundo entiende que la tierra es nuestra verdadera madre y que por lo tanto debemos cuidarla y quererla. Los niños son libres de aprender por sí mismos aquello que desean aprender y los mayores son tratados con el aprecio y el cariño que tras sus años se merecen. Claro que hay tristeza, pero como dice aquella frase “el alma no tendría arcoíris si los ojos no tuvieran lágrimas”. Las mujeres siempre se ven y se sienten tan preciosas como son, tan naturales como son, así como los hombres.

Nos animan a perseguir nuestros sueños cuando consisten en crear un proyecto interesante, en ser un deportista de alto standing o un músico famoso. Pero, ¿qué pasa cuando nuestros sueños consisten en imaginar un mundo más amoroso, más hermoso, más respetuoso? Me han dado a entender muchas veces que eso son sueños de los que se guardan en un cajón, porque no son realistas. Bien, pues yo he decidido que no. Que tal vez mi mundo no será el mismo que el de los demás, pero lucharé por mi sueño. Así que por muy idílico que suene, muy lejano y muy utópico… yo, viviré lo más cerca posible de mi mundo, de mi sueño.

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