Érase una vez…

A todas y cada una de las maravillosas mujeres que habitan este planeta.

Para empezar me gustaría explicar de dónde surge la idea de crear este blog. Veréis, últimamente he tenido conversaciones y disertaciones varias acerca de lo que el mundo nos está haciendo a las mujeres y me he dado cuenta de que no podemos seguir tragando, que es hora de revelarse. A la que aquí se esté preguntando… ¿y qué nos hace?, tengo que decirle que lo primero que tiene que hacer es abrir los ojos, ya que han conseguido hacerle tragarse el cuento de fantasía por completo. ¿Qué cuento? ¿Queréis que os cuente un cuento? Bien, pues el cuento comienza así…

Érase una vez, en un reino muy muy cercano, las mujeres eran perfectas en todos los sentidos. Para empezar, como todas os imaginaréis todas eran extremadamente delgadas. Las piernas de todas ellas eran infinitamente largas, no tenían un gramo celulitis, ni un pelo en todas ellas, por supuesto. Esa delgadez tan natural provocaba que se percibiese un agujero arqueado entre sus muslos bien tonificados, al igual que sus nalgas, respingonas y bien firmes. Su vientre era plano como una tabla de planchar, pero todas con pechos grandes, firmes y bien moldeados. Evidentemente les resaltaban los huesos de la clavícula y los de los hombros, y los brazos también se veían bien delgados. Por encima, un cuello largo, sujetando una cara de muñeca de porcelana, con un cutis impecable, labios carnosos y brillantes por naturaleza, nariz perfectamente simétrica, pómulos salientes y rosados, ojos grandes rodeados de largas y abundantes pestañas bajo unas cejas perfectamente alineadas. A todo esto, le acompañaba, por supuesto, una larga y abundante melena, que no era necesario peinar, porque siempre se mostraba rebelde pero perfecta. Y, ¿sabéis qué era lo mejor de todo? Estas mujeres no hacían nada para ser así, simplemente eran así. No necesitaban dietas, porque comiesen lo que comiesen su cuerpo era así, por lo que tampoco era necesario el ejercicio. No eran necesarias cremas ni maquillaje, ni nada por el estilo. Por este motivo, el mundo entero se rendía a sus pies, conseguían todo lo que quería tan solo con chasquear los dedos. Todos los hombres suspiraban a sus pies. Además, trabajan más horas de lo normal por un salario más bajo, pero jamás se quejaban, no era un esfuerzo, lo hacían encantadas. Tampoco les importaba al salir, tener que ocuparse de la casa, de los hijos y de los maridos como si fueran sus madres, porque ellas no se cansaban, siempre de buen humor y con una sonrisa. Si no podían dormir o descansar, no lo hacían, no lo necesitaban, como tampoco invertir tiempo en ellas, en su bienestar, en su felicidad. Después de todo eran perfectas por naturaleza y así eran tremendamente felices. Lo tenían todo, ¿no?

Bien, en esta primera entrada quiero hacer una primera aproximación a asimilar que este cuento que nos cuenta el mundo cada día, a cada hora, es eso, un cuento, igual que Peter Pan o los siete enanitos. Lo primero que debemos hacer es asimilar que esta no es una realidad, y que por no ser como esas mujeres que he descrito no tenemos que intentar serlo, ni creer que debemos desvivirnos para aspirar a ello. Porque ni es mejor que lo que somos ni es una realidad. Es difícil, la presión es tremendamente fuerte, los sé, lo sé muy bien… Pero juntas debemos revelarnos, ese no es nuestro cuento, así que tenemos que aprender a salir de él. Porque nos están robando nuestra naturaleza, nuestra esencia y nuestra felicidad.

YO SOY GUAPA, YO SOY LISTA, YO SOY FUERTE

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